martes, 7 de octubre de 2008

La Conciencia

Furiosa tempestad se desataba
Cuando, de pieles rústicas vestido
Caín con su familia caminaba
Huyendo á la justicia de Jehovah
La noche iba á caer. Lenta la marcha
Al pie de una colina detuvieron
Y á aquel hombre fatídico dijeron
Sus tristes hijos : - descansemos ya

Duermen todos excepto el fratricida
Que, alzando su mirada sobre el monte,
Vió en el fondo del fúnebre horizonte
Un ojo fijo en él.
Se estremeció Caín, y despertando
Á su familia del dormir reacio,
Cual siniestros fantasmas del espacio
Retornaron á huir. ¡ Suerte cruel !

Corrieron treinta noches y sus días
Y pálido, callado, sin reposo
Y mirando sin ver, y pavoroso
Tierra de Assur pisó
- Reposemos aquí. Dénos asilo
Esta región espléndida del suelo -
Y, al sentarse, la frente elevó al cielo
Y allí el ojo encontró

Entonces á Jubal, padre de aquellos
Que en el desierto habitan - haz, le dijo
Qu ese arme aquí una tienda - y el buen hijo
Armó tienda común.
- ¿Todavía lo veis? - pregunto Ysila
La niña de la blonda cabellera
La de faz como el alba placentera
Y Caín respondió : - ¡ lo veo aún !

Jubal entonces dijo : - una barrera
De bronce construiré : tras de su muro
Padre, estarás de la visión seguro ;
Ten confianza en mi

Una muralla se elevó altanera
Y el ojo estaba allí
Tubalcaín á edificar se puso
Una ciudad asombro de la tierra
En tanto sus hermanos daban guerra
Á la tribu de Seth y á la de Enós
De tinieblas poblando la campiña
La sombra de los muros se extendía
Y en ellos la blasfemia se leía :
PROHIBO ENTRAR Á DIOS

Un castillo de piedra, formidable
Que á la altitud de una montaña asciende
De la ciudad enmedio se desprende
Y allí Caín entró
Tsila llega hasta él, y cariñosa
- Padre, le dice, ¿aún no ha desaparecido? -
Y el anciano, aterrado y conmivido
La responde : - ¡ No ! ¡ no !

Desde hoy quiero habitar bajo la tierra
Como en su tumba el muerto. - Y presurosa
La familia cavóle una ancha fosa
Y á ella descendió al fin
Mas debajo esa bóveda sombría
Debajo de esa tumba inhabitable
El ojo estaba fiero, inexorable
Y miraba á Caín

- Victor Hugo, La Conscience, La Légende des Siècles,
Traducción de Ricardo Palma

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